
por Eugenio Simonetti Toro
Profesor y Arquitecto Universidad Finis Terrae
MAUD, Harvard University.
Fotos cortesía de Solano Benítez
Tuve la oportunidad de conocer al arquitecto paraguayo Solano Benítez hace tres años, cuando Ángelo Bucci me lo recomendó para invitarlo a dar una conferencia en Harvard. Su disertación fue de las más interesantes que he escuchado. Debo reconocer que esa vez sus proyectos nos dejaron pensando a todos, profesores y alumnos, ya que su obra representa uno de los últimos eslabones de una arquitectura que se preocupa más de la materia que de la imagen. Una manera de pensar que lamentablemente está en extinción, ya que como dice Rafael Iglesia: “Solano no anda mirando arquitectura, sino que sólo hace arquitectura”.
Hace unas semanas pude revivir esta magnífica experiencia cuando Solano vino a dar una charla en el auditorio de la casa central de la Universidad Finis Terrae. El efecto fue similar al que se vivió en Harvard. El público estaba sorprendido y el auditorio lleno hasta el final. Todos se fueron inspirados a sus casas. Esto se debe, en parte, a que cuando Solano narra sus proyectos los cuenta tal cual, con sus aciertos y desaciertos, ya que tal como él dice: “la arquitectura que hoy en día no experimenta, no sirve para nada”.
Desde sus primeras obras Solano ha sido capaz de extraer la naturaleza misma de las cosas, “lo que una cosa quiere ser”, como decía Louis Kahn cuando explicaba la importancia de las “percataciones”. Así, hace más de 30 años, Benítez tomó un ladrillo y fue capaz de preguntarse lo que ese ladrillo quería ser, más allá de un enchape o un relleno. Lo interesante es que la elección del ladrillo no tuvo nada que ver con las propiedades cualitativas del material, simplemente lo eligió por un tema práctico. “Tomamos el ladrillo por que es muy barato y producimos gran cantidad en Paraguay”, cuenta Solano. Así comenzó proyectando el Gabinete de Arquitectura, su taller de arquitectura en las afueras de Asunción, una obra que vale la pena desglosar al detalle ya que sólo con entender su fachada y su patio podemos comprender el mapa mental de este arquitecto.
El patio de entrada del Gabinete nos habla del orden, fue pensado como tres espacios en vez de uno. El primero es el jardín mismo con todos los árboles y arbustos existentes en el sito, donde simplemente se esparció maicillo en el suelo. El segundo es el recorrido principal, un pequeño sendero entablado que permite acceder al taller desde la calle. El tercero es un lugar para agrupar las hojas, ramas y palos que caen. De esta manera se organizan los elementos protagónicos y permanentes de todo exterior como árboles y pavimentos, y los secundarios y cíclicos como hojas que caen de vez en cuando. Así, se constituye un lugar para cada cosa que pueda suceder en un patio cualquiera durante el año.
La fachada del taller es la evidencia pura de la búsqueda experimental de Benítez. En él ,se evitó el uso habitual del ladrillo como relleno (en el caso de la albañilería reforzada) o como enchape (en la construcción en altura). Solano, decidió colocar los ladrillos de canto para así ahorrar, levantando un muro estilo pandereta armada e insertando varillas en todas las juntas de las hiladas. Sin embargo, nos cuenta que al levantar la pared esta no pudo resistir el peso de la cubierta. Por lo tanto, abrió un vano en el punto más débil del muro para reforzarlo con un marco de ladrillos acostados que funcionan como vigas. Luego, para soportar el peso de la cubierta, agregó un par de vigas doble T como pilares frente a la fachada, los cuales se vinculan con un par de enfierraduras a la vista a modo de arañas, permitiendo que los pilares y el muro funcionen como estructuras colaborantes. Así podemos comprender que los espacios que proyecta Solano, más que un lugar, son el reflejo de una manera de pensar y proyectar a modo de ensayo debido a que desde un principio se ha incorporado la prueba y el error como una estrategia proyectual.
De ahí en adelante sólo pasaron un par de años para que Solano se convirtiera en el constructor de todas sus obras (oficinas, casas y pabellones), usando el ladrillo de todas las maneras posibles: de canto, en diagonal, partidos con el muslo, acostados como viga, como bóveda catenaria como celosia. Sus cortes tienen flechas que indican tracción o compresión. Sus escantillones detallan hasta la arena que va entre el moldaje y el ladrillo para resolver la falta de precisión de los maestros.
Sin embargo, a pesar de que Benítez pasa bastante tiempo en la obra, no todo es practica en su trabajo. Siempre existen puntos de referencia. Si le preguntas por un libro, te reconoce que durante su carrera no fue un gran lector, sin embargo, recién egresado, su primer jefe le regalo un montón de libros que pensaba tirar a la basura. Así descubrió en carne propia lo que era una biblioteca, o como dice Solano, “un lugar donde están todos los maestros dispuestos a contarte la cantidad de veces que tu quieras, en el tiempo que tu quieras, la materia de tu interés”.
Al preguntarle por influencias en su carrera, no menciona otros arquitectos, prefiere hablar sobre el gran trabajo que hizo Chico Méndez en las Amazonas o las ultimas teorías de Peter Sloterdijk. Esto debido a que para Solano la arquitectura es un problema social más que espacial.
Respecto al material, cuenta que cuando joven tuvo la oportunidad de asistir a los talleres de Eladio Dieste, el gran maestro uruguayo del cerámico armado. Gracias a él descubrió una nueva manera de usar el ladrillo. Sin embargo, “su trabajo es bastante diferente al nuestro” -dice Solano- “porque él certificaba tanto la fabricación de sus ladrillos como los procesos. Por eso podía aproximarse al cálculo. Yo, en cambio, me esfuerzo en trabajar con la inercia y el ladrillo de manera estructural, pero no a la máxima capacidad de compresión como lo hacia Dieste. Lo que sí compartimos es el punto de vista estructural, es decir, el poder visualizar cuándo hay tracción, compresión, torsión, corte, etc. Es un entrenamiento, así como uno aprende a mirar y a entender los espacios, uno logra ver cómo las fuerzas se están distribuyendo y llegando finalmente al suelo”.
Respecto al espacio y la forma, existe en Benítez una clara influencia de Le Corbusier. El mismo Solano cuenta que para las primeras casa se inspiro en las fotos de la Villa Savoye en proceso de construcción, ya que en esas fotos están presentes la mayoría de los elementos que después va utilizando.
“La Villa Savoye va liberando la terraza jardín hacia el cielo para contener los recintos, yo decidí invertir eso y generar el espacio libre a nivel de suelo y construir un plano de continuidad entre el suelo y los dormitorios, que quedan contenidos y producen el resguardo del patio”, asegura Benítez.
Desde un punto de vista formal, el uso de grandes quiebravistas muestra evidentes similitudes entre la obra de Solano y la de Le Corbusier en la India; en particular el edificio UniLever o la casa Esmeraldina con el palacio de las sombras en Chandigarh. Lo interesante es que, según el propio Solano, él se siente haciendo Chandigarh hoy en día, pero no por el parecido en la forma, sino por la fotografía del hindú con un balde en la cabeza subiendo al piso 4 para cargar una viga, lo cual demuestra la capacidad del hombre de transformar la materia y la naturaleza. “Es la manera de construir, no la forma, lo que me interesa”, cuenta Solano.
De todo lo que hablamos con Solano en su paso por Chile, me quedo con estas ultimas palabras: “la Arquitectura para mí es más una definición que una obra. Me interesa en particular una frase de Mies, quien decia: architecture is helpful to put two bricks together carefully. Lo interesante de esta frase es que la arquitectura no aparece en el momento en que se ponen los dos ladrillos, sino que ésta aparece en el “carefully”; Care, cuidado, y fully, pleno. Hacer que dos ladrillos juntos estén puestos con el máximo de cuidado, a plenitud de cuidado, nada mas que eso”. He ahí la precisión del maestro Solano.




















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wuau se ve bien bueno este arquitecto, voy a investigarlo