Por Jorge Heitmann
Noviembre 17 de 2009, Melbourne, Australia.
La hora es indeterminada porque todo ocurre en un subterráneo de la Universidad, alejado de los cerca de 40°C del exterior, procurando algo de penumbra que permita la simultanea proyección del data y lectura de planos.
Hay bastante ajetreo, no todos los días se tiene la posibilidad de ver propuestas para una nueva ciudad al otro lado del mundo.
El otro lado del mundo es Chile, la nueva ciudad es Santa Bárbara o la Nueva Chaitén. ¿Llegará el día en que nos decidamos por un nombre? Creo que eso definirá en gran parte, no solamente lo que se está planteando hacer en la nueva ubicación de la capital de la Provincia de Palena, sino también de lo que se está dejando 10 km al sur, Chaitén, la antigua Chaitén.
El evento del subterráneo es el epílogo del trabajo del semestre de un grupo de estudiantes de Postgrado guiados por Ray Green. Entre ellos hay, arquitectos, paisajistas y diseñadores urbanos quienes visitaron Chile a comienzos de Octubre en el marco de la colaboración entre la Pontificia Universidad Católica y la Universidad de Melbourne coordinada por el Magíster de Proyecto Urbano (MPUR).
En esta oportunidad la preocupación conjunta se centró en Chaitén.
Desde la catástrofe de mayo del 2008 el tema había estado rondando la Facultad de Arquitectura, particularmente en el estudio que por encargo del gobierno estaba llevando a cabo el Observatorio de Ciudades UC. En vista que a mediados de este año dicho estudio llegaba a su fin, concluyendo que Chaitén no podía ser repoblada y que la ubicación más propicia para la nueva ciudad sería Santa Bárbara, sumado a que el desarrollo del proyecto pasaba a manos de la DDU en el MINVU (http://www.plataformaurbana.cl/archive/tag/chaita%C2%A9n/), se decidió dar continuidad la investigación en torno al tema dentro del currículum mismo de la escuela.
De esta forma se organizó transversalmente el trabajo semestral del Taller del MPUR un Taller de Ejercitación, el Laboratorio del Magister de Arquitectura del Paisaje (MAPA), y la Universidad de Melbourne que se integraría durante la realización del workshop de 2 semanas.
Al igual que en oportunidades anteriores el workshop consistiría en buscar respuestas a una problemática específica que se detallaba en el encargo elaborado conjuntamente entre los profesores de los distintos programas involucrados. Dado que cada programa tenía su propia agenda que iba desde el estudio de las posibilidades de desarrollo de la zona directamente afectada (MAPA), el diseño de la nueva ciudad desde su potencial productivo (Taller de Ejercitación), las exploraciones proyectuales a partir del análisis de la comunidad local (Melbourne) hasta la elaboración de estrategias de diseño parciales de elementos urbanos para la Nueva Chaitén (MPUR), el encargo consistió en abordar el problema de forma conjunta, entendiendo que la antigua Chaitén y Santa Bárbara formarán necesariamente parte de un mismo sistema.
De esta manera el problema a abordar fue precisamente el vínculo entre ambas localidades. Parte fundamental del encargo era no limitar esta relación a aspectos netamente físicos, sino al estudio de las posibles interdependencias en el desarrollo productivo y estrategias territoriales sustentables que se mantendrían entre las dos ciudades.
Con este propósito en mente coordinamos una masiva visita al lugar, de cerca de 80 personas, en la que cada uno de los 9 grupos de estudiantes inter-programas tuvo la posibilidad de recoger los datos necesarios para el trabajo posterior.
El viaje fue un éxito, motivando a los grupos a iniciar la recta final del trabajo del workshop en el mismo Baldo, el transbordador que nos sirvió de transporte, restorán, alojamiento y finalmente de taller flotante.
Llegando a Santiago los grupos tenían dos días para poner sus ideas en papel y maquetas, además de preparar la presentación de sus proyectos.
En general los 9 grupos abordaron el encargo con interesantes e innovadoras propuestas, dentro de los cuales cabría destacar a lo menos dos.
El primero de ellos, conformado por Alison Castles, Lindy Fetherston, Cristóbal Fuentes, Azucena Rodríguez, Antonio Quezada y Josefina Cruz centró su propuesta en la complementación de tres factores, producción de energía renovable en base a fuentes Geotérmicas, centros de investigación y desarrollo asociado a estas mismas fuentes y los alcances turísticos no solamente derivados del carácter innovador de este sistema, sino también de la situación particular de la zona afectada.
De esta forma y tras el acucioso estudio que permiten un par de días de trabajo enclaustrado, el grupo propuso la dispersión de cuatro centrales geotérmicas entre la antigua y la nueva Chaitén. Estas centrales estarían asociadas a centros de investigación, los cuales también aportarían con nuevos puestos de trabajo para la zona. Por otro lado, para la nueva localidad de Santa Bárbara la entrada fue en base al estudio de distintas configuraciones de predios, manzanas y barrios generadas a partir de las lógicas de recolección y distribución de aguas derivadas de la misma fuente de energía propuesta.
El segundo grupo que habría que destacar es el autodenominado PATACASA, acrónimo formado por Patagonia y Casa. Los miembros de este grupo, Inês Pimentel, Felipe González, Felipe Rojas, Marcello Licitra, Ruth Redden y Sarah MacIsaac, basados en la experiencia comunitaria de larga tradición en la zona, la minga, proponían el desarrollo local de un prototipo de vivienda.
Esta tipología, incluyendo sus variaciones, no solamente cumpliría con el propósito de abastecer las demandas locales, sino también podría transformarse en un producto comercializable más allá de la región. Lo que logra esta propuesta, con su particular interpretación del encargo, es promover un vínculo de sostenibilidad (en el riguroso sentido del término) entre la condición del lugar existente y la impostura implícita en la creación de una nueva ciudad. La manufactura de las PATACASAS se aborda de forma integral, desde la extracción regulada del material hasta su preparación y la elaboración de las piezas y partes que conformarán las viviendas. Paralelamente a estos procesos, el sistema se preocupa de involucrar a la comunidad local, tanto en las fases productivas como también ocupando el conocimiento existente en la zona del uso de invernaderos para el cultivo de las especies nativas que serán trasplantadas, procurando la reforestación de los bosques talados.
Derivada también de esta propuesta pero no directamente implícita en ella, aparece la oportunidad real de involucrar a la comunidad local, especialmente aquellos que han sido denominados “rebeldes” y que permanecen en la zona devastada. La posibilidad de realizar el traslado, a la manera de una minga, de algunos edificios significativos desde la antigua Chaitén hasta Santa Bárbara. Este evento, repetido un par de veces, no solo podría servir como rito fundacional sino también para promover el arraigo de la comunidad Chaitenina, tanto rebelde como desplazada, con la nueva ciudad que se está creando.
A comienzos del 2010, antes del cambio de presidente, se harán públicos con mayor detalle y difusión los trabajos que se han desarrollado en la DDU en relación al diseño de la nueva ciudad. Por otro lado el discurso oficial respecto a la antigua Chaiten se ha ido ablandando desde la radicalidad de ese “Chaitén ha muerto”, pero aun no hay claridad, o por lo menos no se han hecho públicas las estrategias a implementar en la antigua Chaitén. Con la misma eficacia con la que se movilizó a la población recién ocurrida la catástrofe y con la seriedad y profesionalismo con que se han desarrollado los estudios y el diseño de la nueva ciudad, tiene que procurarse una respuesta para lo que se está dejando atrás. Quizás el primer paso en este sentido sea entender ambas ciudades como partes de un mismo sistema y comenzar a darles nombre de forma apropiada.





























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