Introducción por Hugo Mondragón L.
Jefe de Programa, Magíster en Arquitectura UC.
Lo primero que se me vino a la cabeza fue un NO rotundo.
Esa fue mi reacción cuando Juan Camilo Medina me propuso hace ya algunos años que le dirigiera una tesis que llevaba por título “La narco-arquitectura como patrimonio cultural”.
El tema era demasiado sensible para cualquier persona que, como en mi caso, había vivido en Colombia durante las décadas del 80 y el 90.
Sin embargo, el enfoque con el cual Juan Camilo quería abordar el tema me pareció justo y razonable.
La declaratoria de patrimonio de algunos campos de concentración nazis, por ejemplo, abrían una nueva perspectiva: la idea de que borrar de la memoria colectiva un pasado doloroso no tenía mejores efectos para la salud social y cultural de un pueblo, que tratar de enfrentarlo en toda su dimensión de hecho aborrecible y condenable.
El edificio elegido era una ruina, un monumento de un período particularmente doloroso para la ciudad de Medellín.
Su conservación y reprogramación ofrecía una oportunidad para hacer una declaración de convicciones: Nunca Más!
El artículo que se publica a continuación es una síntesis de la tesis que Juan Camilo Medina defendió en el Magíster en Arquitectura UC en 2005.
Por: Mg.Arq. Juan Camilo Medina
La manifestación y la reflexión entorno al tema de lo patrimonial como valor sustantivo, simbólico y referencial a cerca de la historia de una cultura o una sociedad, ha pasado desde la segunda mitad del siglo XX, de ser un objeto artístico/histórico catalogado para la preservación física por modelos conservacionistas, a ser un objeto edificado entendido como la manifestación de una búsqueda por la diferenciación e identificación de las mismas culturas o sub-culturas en un panorama cada vez más global. Así mismo y aun más interesante como campo de trabajo, un estancamiento en la reflexión acerca de las acciones o intervenciones para la preservación de los monumentos ha sido característico hasta el día de hoy.
PROYECTO PATRIMONIO
Desde la aparición del concepto de Patrimonio [como instrumento jurídico] en 1790 hasta la mas reciente Carta de Cracovia en el 2000, se puede resumir el desarrollo de tal concepto en dos grandes vertientes: clasificación y la actuación sobre dichos bienes. La primera con un avance enorme identificable desde la ramificación de lo considerado patrimonial expuesto por Alois Riegl en 1903 en el libro El Culto Moderno a los Monumentos, hasta las Cartas de Atenas [1931], Venecia [1964] y Cracovia [2000]; mas la segunda, la actuación sobre dichos bienes, permanece paralizada bajo los metodologías poco avanzadas en términos de experimentación en el campo practico de la conservación de John Ruskin o de la idea de restauración de Violet Le duc.
De las reflexiones más contemporáneas en torno al tema dada por historiadores, arquitectos y autores como Antonio Pizza, María del Rosario Torres y Lebbeus Woods por ejemplo, se sustenta la tendencia evidente a tener en cuenta valores asociados a los edificios de manera más particular y sensible respecto de “lo posible” en lo monumental, es decir, la contemplación del bien patrimonial o monumento como un símbolo y referente del pasado pero con la implicancia trascendente del papel que juega en el presente y el futuro de su paisaje cultural.
Lebbeus Woods va mas allá y a través de su propuesta para la reconstrucción de Sarajevo anota que“[…] el arquitecto debiera amar la historia por las formas de esperanza que ella ofrece, pero además debe limpiar el aire, incluso bajo el significado sospechoso de transformar los vestigios sagrados del pasado en indispensables vestigios para el futuro”1.
Asumiendo estos corolarios, uno podría enfrentarse entonces ante una manifestación diferente de lo monumental. El concepto mismo de patrimonio se desliga de la idea retrospectiva y arqueológica de la reconstrucción histórica y por el contrario apunta al patrimonio como proyecto, dejándonos entonces un camino de discusión que debería avanzar en torno al tratamiento de lo patrimonial en la cultura local contemporánea.
MEDELLIN, EL CASO DEL NARCO_PATRIMONIO
Entendiendo que en los contextos más locales las minorías y sub_culturas también se han adherido a la mundialización del patrimonio cultural, La ciudad de Medellín se presenta como un escenario adecuado para la experimentación de las hipótesis anteriores.
La etapa transcurrida entre mediados de los años 70 y mediados de los años 90 dejo como herencia en la ciudad de Medellín _visto desde el fenómeno del narcotráfico_ dos tópicos que han influenciado [y continúan haciéndolo] la existencia cultural de sus habitantes. La sub-cultura narco ha sido uno de estos tópicos, y tal vez hasta ahora el único y más explotado con propósitos de proyecto cultural; basta con enumerar las series de televisión, películas y libros que inundan los mercados locales e internacionales.
Por otro lado, la narco_arquitectura como el integrante tangible de dicha herencia, no ha sido, ni es _exceptuándolo desde el plano judicial_ tema riguroso de estudio como paisaje reconocible en la Medellín actual.
Las edificaciones incautadas en Medellín bajo la ley de extinción de dominio de 1996 constituyen un marco para la reflexión sobre el impacto de una subcultura y su papel actual en el desarrollo de la ciudad.
La narco_arquitectura como un resultado de la materialización del fenómeno del narcotráfico en general no posee una diferencia aparentemente notable frente a los edificios o construcciones suntuosas de la misma ciudad que presupongan una categoría en si mismos; Las relaciones trascendentales e interesantes en el campo experimental se encuentran en su esencia, en palabras de Aldo Rossi, en una cualidad que es constante en el desarrollo esencial de su forma, y añadiría: en lo que estas edificaciones representan.
Así entonces, El edificio Dallas por ejemplo, con su carácter ruinoso evoca asociaciones explicitas y alusiones a los símbolos de una sub-cultura narco.
Para cualquiera, una observación ligera y desprevenida de la forma del edificio solo connotará abandono, aun así, es innegable que el carácter de ruina adquirido por el Dallas después de 16 años conduce la percepción que de él tenemos hacia una observación mas crítica de su historia. La relación dialéctica e inseparable con su significado es, culturalmente hablando, un símbolo que representa los acontecimientos mayormente negativos relativos a un fenómeno mayor trasladado ahora al plano de la memoria colectiva de los habitantes de Medellín. En este sentido, es cierto que la arquitectura del edificio Dallas esté impregnada de valor.
Además, si bien el fenómeno del narcotráfico puede encarnar en muchas formas, son estas edificaciones su soporte material más relevante en el ámbito de la práctica socio-espacial. Así, edificios como el Dallas pasan a ser soporte de significados culturales resultado de un momento histórico y podría decir entonces que dicha manifestación se identifica y permanece a través del Edificio Dallas. Siguiendo las ideas de Rossi2 entonces, aquí se podría afirmar que el edificio Dallas constituye un monumento que representa una sub-cultura local y que hace parte de su patrimonio como herencia y como legado instructivo del momento histórico contemporáneo3.
El modo de actuación en edificaciones como el Dallas, afectados por actos de violencia como expone Lebbeus Woods4, problematiza la idea de la Re_construcción diferente de su Recuperación. la restauración de los elementos significativos de un bien es un acto que se presupone, aun así, el autor pone en alerta que uno de los principios por los cuales se recobran los valores de las edificaciones5, no solo tiende a restaurar lo perdido, sino al mismo tiempo borrar los recuerdos de la tragedia, sustituyéndolos por un nuevo elemento o uno mejor; pensamiento que se aleja de los principios de restauración y evocación al pasado [podríamos decir: conservación], y que se plantea como un segundo proyecto basado en el primer edificio.
Recuperar entonces indicaría solo restituir valores formados en un orden anterior; en cambio, Re_construir contiene la restitución por concepto y además, la generación de un orden espacial pensando en el tiempo futuro.
Metafóricamente en el proceso de sanado del edificio según Woods, la cicatriz significa el nivel más profundo de Re_construcción. Ésta funde lo nuevo con lo viejo, reconciliándose, cohesionándose, sin comprometer ninguno en el nombre de alguna forma externa de unidad. La cicatriz “es una marca de orgullo y honor, ambas por lo que se perdió y por lo que fue ganado. Ésta no puede ser borrada, […] no puede ser elevada mas allá de lo que es, un tejido mutante, el precursor de una regeneración impredecible”6.
Aceptar la cicatriz es aceptar la existencia7. El sanado no es un proceso ilusorio, es un proceso real. La cicatriz, como una marca, genera una nueva forma de conocimiento e individualidad, se aparta de una representación abstracta o de una experiencia externa, y por el contrario evidencia una nueva clase de historia que es responsable por las condiciones actuales, incrementando en estas historias el resultado de una invención cada vez mas distantes del conformismo de la norma del arte y la estética de la conservación.
RE_CONSTRUCCION DEL DALLAS
El patrimonio inmueble que es comúnmente sometido a una intervención [conservación] que le permite solo transformar el programa arquitectónico y su uso, no explica según Rossi la permanencia de su valor, el cuál por el contrario radica en su forma8; además de dejarlo caer en un accionar nostálgico, que según Bernardo Secchi es producto de la incertidumbre por la identidad y la apropiación tan característicos en el último siglo, “[…] el peso de la angustia por la apropiación banaliza esta nostalgia deteniéndose únicamente en la conservación”9.
La autentica dimensión cultural de una intervención patrimonial más tendiente a la re_construccion de la forma que a su conservación, en el caso del edificio Dallas por ejemplo, proviene además de plantear un avance teórico/practico del asunto, en una disposición de encarar la aparente indefinición y debilidad de las propuestas judiciales para el futuro de lo que podemos considerar como monumental.
En este caso, la practica retrospectiva de conservación y rehabilitación no están logrando responder a la dinámica de una problemática que ha tenido etapas dolorosas [expresadas ya en las ruinas] y las etapas de superación social y cultural del flagelo de la sub-cultura narco.
El monumento _y con esto el Edificio Dallas_ como referencia urbana apunta y marca la relación entre la construcción de identidad y la memoria10; por lo tanto su desaparición u omisión como símbolo histórico tenderá a minar dicha relación. Lo que es legible, es que si bien el Edificio Dallas puede considerarse como patrimonio cultural local, el tratamiento para preservar su valor no concuerda con las intervenciones convencionales a tales inmuebles. En su estado ruinoso, el Dallas, ofrece una nueva posibilidad para el entendimiento de sus orígenes y a su vez, posee el embrión de un evento arquitectónico que puede elevar estructuralmente su papel en la práctica socio-espacial del paisaje local.
La primera arquitectura del Edificio Dallas representa en su apariencia ruinosa la huella de un pasado ya aprendido. Ésta ruina no tiene nada más que simbolizar, y si algo debiera ser preservado de ella y su significado es su estado permanente de ruinación que aclara y promueve su significado monumental. Entender esto implica modificar no solo la percepción visual y espacial que tenemos de él y desde él, sino que esto arrastra una transformación del mismo símbolo y su significado.
La ironía de ocupar la ruina de manera contrastante puede ser una opción para confrontar y combinar valores divergentes, la imagen negativa en estado de ruinación del reino de la coca y el trabajo continuo de la sociedad en superar dicho flagelo, retienen invariablemente características esenciales contradictorias que fuerzan al observador a recordar la fuente histórica al mismo tiempo que reconoce la evolución y las innovaciones.
El experimento de intervenir la ruina de manera invasiva intentaría apartarse de la funcionalización estética del tratamiento conservador y por el contrario determinaría una actuación monumental del monumento, un acto que le permite de tajo significar “lo posible”, multiplicando las posibilidades del significado del pasado y convirtiéndose en una condición reflexiva y proyectual del presente.
El reconocimiento del Edificio Dallas como un monumento en la ciudad de Medellín le dota de un valor adicional, le permite una interpretación que cambia la manera de percibir el edificio y mediante la cual cambiar también el concepto de monumento, disociando entonces la idea de lo monumental como un perpetuo material digno de la adoración artística y acercándolo por el contrario a la idea del “posible” permanente.
Si bien esta reflexión se distancia de encontrar una respuesta definitiva a la problemática de lo monumental en el paisaje contemporáneo local, las evidencias de una genealogía en éste sentido invitan a estudiar diferentes casos que puedan en suma, generar conclusiones que apunten a innovar las intervenciones a los bienes patrimoniales de modo que atiendan no solo el animo de preservarles como simbologías de una cultura o sub-cultura, sino que tienda a activar el bien patrimonial en su estado de permanencia como dispositivo cultural.




















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