Por Anita Puig
El siguiente artículo, es parte del trabajo final del curso Arquitecturas de América Latina, del Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, dictado por el profesor Andrés Téllez el segundo semestre de 2009. I WAS THERE fue la propuesta Chilena para la XI Bienal de Arquitectura de Venecia, realizada entre el 14 de septiembre y el 23 de noviembre de 2008, cuya curatoría estuvo a cargo de Mauricio Pezo .
EL LENGUAJE DEL SUR
La búsqueda de la identidad de la arquitectura chilena contemporánea, ha encontrando su máxima consolidación en las exposiciones de las pasadas bienales internacionales. En ellas hemos visto cómo se genera un diálogo entre lo que se quiere mostrar y la construcción ordenada de un discurso arquitectónico de país. Pero, ¿de qué se trata este nuevo discurso construido de la arquitectura? Ya no se cuestiona la búsqueda de un discurso teórico global homogeneizador, que explique los rasgos identitarios, sino que se enmarca en un prototipo vendible de imagen país.
La clave en la arquitectura de esta región, para ser más específicos desde centro América a Sudamérica, es la relación particular entre el lugar y la obra.
Desde la época precolombina, la relación con el lugar y la implantación ha sido relevante. Tal vez es la misma inmensidad que asombró a los europeos para los planes urbanos de las ciudades ex -novo, lo que hace significativa nuestra relación con el lugar. Es la misma inmensidad del paisaje, la gran cantidad de espacio libre en proporción con lo habitado, que hace generar referencias y lecturas desde la arquitectura para podernos ubicar en esta inmensidad.
Germán Téllez1, nos hace ver que la importancia de la obra de varios arquitectos “latinoamericanos”, es que poseen cualidades que traspasan fronteras y continentes, calidad y cualidad arquitectónica comprensibles internacionalmente. Sin embargo, hay una cierta sensibilidad con la topografía en la que se emplazan sus proyectos. Por cierto hay algo de intangible en esta relación. Es una sensibilidad abstracta, que solamente se comprende habitando los lugares.
Al ser abstracta, esta relación topográfica y esta arquitectura, particularmente el caso de Chile, permite reducir a elementos básicos comprensibles universalmente. La calidad de la arquitectura no está relacionada a una fórmula o lo que se espera de ella, sino a un ejercicio particular acorde con el lugar en aspectos que van más allá de la materialidad: una relación particular entre el arquitecto, el lugar y el programa. Sensibilidad que por cierto existe en todo buen arquitecto, pero es en este paisaje en particular, en donde una condición de límites, hace que la arquitectura conforme un impacto mayor en el paisaje. Chile se caracteriza por sus condiciones de límites: límites geográficos naturales; bordes de cielo (cordillera y cerros); bordes hacia el mar (acantilados dunas y roqueríos); condiciones geográficas que definen un territorio que hacen inevitable su relectura a través de la arquitectura.
Es un pacto precario2, que arrastramos desde la antigüedad, pero a su vez es una manera contemporánea de aproximarnos al proyecto y de relacionarnos con el entorno. La abstracción de los volúmenes, la elección de materiales, ya sean locales o internacionales, están trabajados como un lenguaje global, acercando la arquitectura reciente en Chile al nivel mundial.
CHILE ENTRA AL MERCADO
Sin ataduras ni discursos políticos, la abstracción de la arquitectura chilena, cómodamente puede ser publicada en todos los países. Entre novedad y esperanza, Chile se posiciona en las revistas internacionales, como un potencial creativo, al fin del mundo.
La despolitización de la arquitectura, alejada de discursos socialistas, y la estabilidad política junto con los tratados de libre comercio que ha firmado Chile en los últimos 15 años,3 ha facilitado la apertura hacia nuevos mercados de nuestra producción arquitectónica posicionándola en un punto privilegiado en comparación con otros mercados. Es relevante en este punto mostrar el cuadro de exportaciones de Chile hacia Italia en el año 2008, año de la Bienal de Venecia.
Del cuadro se desprende que los productos más exportados durante el año 2008 a Italia fueron el cobre, la madera y el molibdeno, todos relacionados con nuestra tierra y materias primas nacionales.
LA PRESENCIA DE CHILE EN LA BIENAL
“Bajo el lema I WAS THERE, la muestra chilena subraya la calidad de fetiche, de objeto de promoción turística, de souvenir de viaje, así como el rol de la arquitectura como aparato de promoción cultural para los desplazamientos masivos de personas. Estos pequeños objetos, en su calidad de artesanado original e irrepetible, funcionan como elementos de localización geográfica: I WAS THERE remite al lugar de creación, al remoto sitio de procedencia, a la lejanía de Chile a ojos de un turista. El souvenir, entonces, se lee como una suerte de testigo de una experiencia, como una evidencia que acompaña un relato imaginado”3.

A comienzos de la década de los noventa las disciplinas humanísticas y las ciencias sociales se vieron obligadas a enfrentar las limitaciones de sus teorías y métodos para ocuparse del horizonte de las culturas contemporáneas, cuando las teorías fundamentadas en la excepcionalidad latinoamericana con su definición de identidades, se encuentran desbordadas por los cambios culturales4. Artesanía, cambios tecnológicos, cambios sociales y económicos constituyeron un proceso híbrido que dio como resultado nuestra realidad actual.
La XI Bienal de Venecia de 2008, llevó una muestra bajo la curatoría de Mauricio Pezo y ésta jugaba dos roles: explicar la arquitectura contemporánea y la producción local; y a la vez hacer una lectura contemporánea del imaginario de las prácticas artesanales que repercuten en la mente del turista. Esa lejana imagen, un paisaje y alguna obra arquitectónica -vernacular o anónima- es llevada de regreso al país de origen en un pedazo de artesanía o en una fotografía, plasmando un recuerdo, la vivencia, el lugar y la obra construida y construyendo la imagen país que es llevada a casa.
De esta forma hay un doble beneficio: se utiliza la arquitectura típica de diversas zonas para llevar la arquitectura contemporánea al imaginario de país-turismo; y a la vez se usa la arquitectura contemporánea, su apogeo en estos años, para legitimar la historia productiva artesanal.

Inconscientemente o no, Pezo se hace cargo de permitir la libre interpretación de la arquitectura, al llevarla al lenguaje artesanal, abriendo el tema de discusión hacia los estratos no educados, que son la gran mayoría en Latinoamérica. De este modo, indica Pezo, la muestra establece una tensión entre los métodos convencionales de representación arquitectónica (mediante maquetas a escala) y las diversas transformaciones ingenuas (sin escala, sin proporción, sin detalles) que se producen sistemáticamente por personas ajenas a la disciplina5.
“Lo que tienen en común estas arquitecturas en el sur de América es que escapan a los problemas del lenguaje, para dejar que la acción de proyecto provoque la sorpresa, algo impensado. Apelan a la sensibilidad, por medio de mecanismos débiles en su concepción de hechos concretos, pero extensivamente fuertes en sus capacidades de provocación, por ausencias o por significaciones difusas.
La relación con el arte es recurrente, pero no como integración arte-arquitectura, sino como condición de obras íntegras, donde la arquitectura asume condición elocuente de obra de arte, del arte reciente, a veces hermético en sus significados pero elocuente en la condición sensible que nos plantea. Y justamente por eso, abiertas a la interpretación libre de la gente sencilla”.6
En el prólogo de la Bienal, escrito por el canciller chileno Alejandro Foxley, se explican los motivos de haber elegido a Pezo como curador de la muestra, en la que destaca su trayectoria que combina arte y arquitectura en sus obras. Pero este arte por el que se le seleccionó, está más relacionado con el arte que produce artefactos7, que se puede transmitir y enseñar, que por un arte académico encriptado, un arte que se caracteriza por la ausencia de reglas en su producción. El dialogo, por lo tanto, también se va a producir entre la genialidad del artista-creativo que transgrede y rompe las reglas, contra el artista-artesano que sigue tradiciones que son transmitidas de un maestro a un aprendiz.
La capacidad de los artesanos de trabajar las materiales locales y darles una lectura tectónica y funcional acapara la atención de cualquier arquitecto. Desde las tejuelas en el sur de Chile, su capacidad térmica y su belleza como terminación, pasando por las gredas de Quinchamalí -que dan uso a la tierra mineral de la región-, se han ganado legítimamente su lugar en esta exposición.
La virtud del artesano- así como el arquitecto lee el contexto para emplazar su obra- es que debido a su dependencia económica, su subsistencia y autarquía, sabe leer su tierra, sus beneficios y las materias que le son indispensables. Es ese ojo el que nos permite saber cuáles son las cualidades de nuestras materias primas. El inocente ojo del artesano que trabaja la madera, permite al avezado exportador entender las cualidades moldeables y maleables del material trabajado.

Si nos remitimos nuevamente al cuadro de exportaciones, vamos a ver que dentro de las primeras exportaciones se encuentran las maderas, los minerales (molibdeno y cobre), así como frutos. Lo que nos dice ese cuadro, en relación con la artesanía, es que las materias primas de exportación están íntimamente relacionadas con la artesanía local. Está la madera en los tallados, los minerales en la arcilla moldeada y en los recuerdos de cobre, como también nuestra potencia geográfica como productora de frutas en alguna representación en arcilla o madera, o en el recuerdo de utensilios, mayormente para la elaboración de alimentos (morteros cucharas, pocillos, etc.).
Por otro lado, I WAS THERE, para Pezo, pone en cuestión la persistencia de la memoria encarnada en los edificios8. Son obras que se convierten en arquetipos, en edificios singulares que trascienden sus funciones inmediatas para terminar idealizadas en el recuerdo colectivo. La comprensión por los sentidos juega un rol fundamental: vista, tacto, olfato se conjugan en la artesanía para la comprensión global de la arquitectura. La percepción se apropia de los edificios mostrados, generando un vínculo entre posesión y recuerdos o imaginarios de éstos con el espectador: poseer el objeto- edificio, remontarse a la experiencia del lugar donde se creó junto con los materiales que recuerdan y localizan el prototipo dentro del contexto del país.
Inteligentemente, al realizar las obras de arquitectura contemporáneas en un lenguaje artesanal, no sólo se está entrediciendo que la calidad de los materiales exportados está siendo utilizada en las obras nuevas, sino que hay una profesionalización en la tecnología de estos usos.
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Chile ya se ha ganado un espacio en el comercio mundial con la certificación de la calidad de sus productos de exportación, ahora esa calidad se transmite inconscientemente a la arquitectura a través de esta inocente operación. De esta manera el imaginario del turista, o la imagen país se consolida elevando el nivel de producción. Mientras se consolida la imagen turística (postales), se explicita la calidad de la materia prima local, a la vez que se legitiman las obras arquitectónicas producidas en el último tiempo a través de dos lecturas: la de un turismo potencial, metido en la postal local, y la calidad de los productos de exportación con la calidad de la factura de nuestra arquitectura.
Pezo indica que a través de la confrontación entre arquitectura contemporánea y tradicional, la muestra se concibe como una oportunidad para extender los imaginarios mentales de ambos lados de la arquitectura: de aquella gente común y corriente que se toma una foto delante de un edificio significativo y de aquellos especialistas que imaginan y proyectan esos edificios.
Bibliografía
DANTO, Arthur C. Más allá de la caja de Brillo. Las artes visuales desde la perspectiva poshistórica. Madrid, Akal. 1992.
MOJICA, Sarah. Culturas híbridas – No simultaneidad –Modernidad periférica Mapas culturales para la América Latina. Berlín, Wissenschaftlicher Verlag, 2000
TÉLLEZ, Germán. Rogelio Salmona, ¿Arquitecto latinoamericano o arquitecto en Latinoamérica? (n.d)
TORRENT, Horacio. “Pacto Precario”. Mathias Klotz, Revista 2G, 26 (2002).
TORRENT, Horacio. Al sur de América: Antes y ahora. ARQ, 51 (Julio, 2002), pp. 10-13
Páginas web
I WAS THERE .propuesta Chilena para la XI Bienal de Arquitectura de Venecia. Introducción a la exposición de arquitectura chilena en la bienal. PEZO, Mauricio. [En línea] [Consulta: Noviembre 2009].
BCN. Biblioteca del Congreso Nacional. [En línea ] [Consulta: Noviembre 2009].
PROCHILE. Dirección de Promoción de Exportaciones, Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. [En línea ] [Consulta: Noviembre 2009].
- Germán Téllez, Rogelio Salmona, ¿Arquitecto latinoamericano o arquitecto en Latinoamérica?[↩]
- 2 Torrent Horacio, “Pacto Precario”, Mathias Klotz, Revista 2G 26 ( 2002) [↩]
- Introducción a la exposición de arquitectura chilena en la bienal, PEZO Mauricio, [En línea][↩]
- MOJICA Sarah, Culturas híbridas, No simultaneidad – Modernidad periférica[↩]
- Introducción a la exposición de arquitectura chilena en la bienal, PEZO Mauricio[↩]
- 7 Torrent Horacio, Al sur de América: Antes y ahora, ARQ, 51 (Julio, 2002), pp. 10-13[↩]
- Cfr. DANTO, Arthur C. Más allá de la caja de Brillo. Las artes visuales desde la perspectiva poshistórica. Madrid, Akal. 1992. P. 109. Los artefactos tienen en principio el status de herramientas, de instrumentos o, al menos de objetos de uso. El concepto contemporáneo de artesanía estriba en esto en el sentido en que los artesanos producen cosas que e principio tienen usos, como cazuelas, platos, vasos, etc.[↩]
- Introducción a la exposición de arquitectura chilena en la bienal. PEZO, Mauricio[↩]



















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