
Uno de los grandes atributos de los arquitectos es nuestra capacidad para dibujar. Sin embargo, todo aquel que haya pasado por una escuela de arquitectura sabrá que a pesar de ser una noble herramienta, el buen dibujo no es condición necesaria para sacar un buen proyecto. Los buenos proyectos no dependen únicamente de que tan bien –o mal- representados estén, sino de que tan fuerte y coherente sea la idea que los conforma. Podríamos rayar, diseñar y sobre diseñar un proyecto, pero sin una idea resistente las líneas suelen quedar en el papel. Cuando las malas ideas pasan más allá de éste, la realidad se hace cargo de evidenciarlas. En otras palabras podríamos decir que el papel lo aguanta todo, pero no así la realidad.
Un proyecto cuyo papel ha aguantado bastante pero cuya realidad se ha encargado de ponerle más obstáculos de los que sus dueños y arquitectos quisieran, es Battersea Power Station. El caso puede ser representativo de muchos mega-proyectos que enfrentan desafíos de financiamiento dada la actual recesión. El caso de Battersea Power Station corresponde a la central eléctrica en el suroeste de Londres de finales de los años 20 –inmortalizada en la portada del disco Animals de Pink Floyd- , que operó activamente hasta principios de la década de los 80, hoy por hoy abandonada y catalogada como un ‘castillo del siglo XX en ruinas’. Luego de varios intentos por recuperarla, Battersea Power Station se encuentra a la espera de que atrevidos inversionistas de la mano de Rafael Viñoly Architects regeneren el área a partir de una abismante mega-inversión de 4 mil millones de dólares.
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