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No estamos ante un proyecto condicionado por la presión del boom inmobiliario o la necesidad de una imagen icónica de marca. Se presentó la agradable y particular circunstancia de que finalmente el cliente era también promotor, arquitecto, constructor y usuario. La pretensión inicial del encargo era sencilla: construir un edificio para albergar la actividad de IDOM que a la vez le representara y se convirtiera en tarjeta de visita para sus clientes. Ser capaces de explicar desde su sede física su cultura y sus procesos de trabajo. Una oportunidad  para convertir un edificio en escaparate de su filosofía. CÓDIGOS - CLAVES ¿Dónde podíamos encontrar las claves que representen a una firma como la que nos ocupa?  Por la particular cultura de IDOM, era evidente que debíamos abandonar todo intento que naciera supeditado a lo mediático, el corto plazo, el reconocimiento rápido o la representatividad desde lo emocional. Una obsesión que hoy desquicia a muchas estructuras empresariales necesitadas de éxito rápido y atractividad visual para consumo. Ver más Ver descripción completa
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