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En la segunda mitad del siglo XIX, Estocolmo ya insinuaba su condición de metrópolis. Su población se triplicó en menos de cien años y su situación sanitaria era deplorable hacia fines del siglo. En este marco y con las teorías higienistas en franca expansión, se entiende la necesidad de alejar los cementerios del centro de la ciudad. Es así como en 1915 se lanza un concurso para proyectar un cementerio en Enskede, un extenso bosque natural al sur de la ciudad. Dos jóvenes arquitectos suecos, Eric Gunnar Asplund y Sigurd Lewerentz lo ganan proponiendo conservar la foresta existente, superponiéndole un sistema de caminos y senderos que vinculan varios puntos singulares, materializados por capillas, jardines y edificios de servicio. El proyecto del Cementerio tenía un sentido de relato, de narración, pautado por los senderos y por los focos: los jardines y las capillas. De este modo, el recorrido se convierte en una forma de conocimiento. Dijo Jorge Luis Borges que en los libros sagrados todo tiene un sentido preciso, que cada letra, cada palabra, ocupa un lugar que condiciona distintas interpretaciones para los iniciados. Este proyecto funciona como aquellos libros donde cada elemento tiene un significado determinado. La posición de cada elemento no es casual, sino que forman parte de un meta relato que da coherencia y unidad a todo el conjunto. Ver más Ver descripción completa
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