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El deseo de establecerse por siempre en un espacio que lo sienta como suyo, la búsqueda por vivir en armonía con la naturaleza, la necesidad de autonomía de los tres miembros que conforman la familia, el bajo presupuesto entendido como optimización de espacios y recursos, y la frase “Siempre hay otra manera de hacer las cosas y otra manera de vivir”, acuñada por Ella, se convirtieron en el punto de partida para nuestro trabajo. Alejada de Quito y del vértigo de la ciudad, la casa se implanta en las faldas del volcán Ilaló en un terreno indómito de alta pendiente, limitado por dos quebradas, abierto a la vista del valle. Un corte en el terreno inclinado permite generar una plataforma para el asentamiento del proyecto y suficiente materia prima para generar gruesos muros de carga. La forma ondulada e irregular resultante del corte en el terreno, define la disposición ordenada y rectilínea de cada muro de tapial. La sucesión de estos tapiales y las distintas alturas de la cubierta provoca que la vivienda se fisione en espacios ya sea por usuario o actividad puesto que la casa se la entiende como la secuencia de refugios individuales. Para evitar el efecto dominó los muros rompen su paralelismo resolviendo la estructura y fortaleciendo el carácter de cada “refugio”. Para tomar conciencia de la gran sección de los tapiales excavamos los muros y en ellos disponemos el mobiliario como estrategia de optimización del espacio. La circulación, concentrada en un extenso corredor, conforma un elemento que aísla el proyecto de los vecinos inmediatos, refuerza la autonomía de cada espacio y promueve la apertura de estos hacia la atractiva vista. Ver más Ver descripción completa
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