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En una pequeña localidad en la vertiente norte de la sierra más cercana a Madrid, San Rafael, siempre se ocupó el territorio por medio de hotelitos de veraneo que, aunque faltos generalmente de carácter, configuraron un paisaje en el que las montañas próximas han mantenido siempre el protagonismo. Sin embargo nuevos planeamientos y desarrollos imponen tipologías diferentes. De la tensión dialogante entre los nuevos modos urbanos y la segura persistencia de edificaciones de menor tamaño, nace la propuesta. Completando la manzana existente se trató de mantener un diálogo sereno con las edificaciones próximas: por un lado, un vecino medianero, sin carácter y con una altura excesiva, obligaba a encontrar una estrategia que diera cierta continuidad en altura. Por otro, la conservación de edificaciones exentas y muy próximas hacia las que la propuesta debía cierta consideración. Es por ello que se emplean alineaciones, la cornisa, y los ritmos de los huecos para articular esas fachadas sugiriendo alturas y densidades materiales diferentes. Ver más Ver descripción completa
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