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Para la concepción de esta vivienda nos hemos hecho la pregunta de si somos capaces de construir algo respetando al máximo la naturaleza existente evitando hablar de sostenibilidad, energías alternativas o ecología como barniz de contemporaneidad y corrección política. Quizás se trate al final de aprovechar al máximo las cualidades de la naturaleza que se nos ofrecen y atender a un mínimo impacto sobre ella hemos pensado que un buen comienzo puede ser que la traza volumétrica del edificio se adapte al arbolado existente dejando que la misma plantación arbórea elija la manera de ser vivida. Como arranque de nuestro proceso de trabajo hemos reconocido las agrupaciones de árboles que funcionan en conjunto dentro del bosque y, claro, lo que queda fuera de ellas nos permitimos llamarlo el antibosque o vacío susceptible de ser construido sin tener que eliminar árboles. Sobre este vacío se genera una geometría plana que evita los troncos y a la que se va dotando de alturas desde el suelo existente e inclinaciones de planos de cubierta que nos permite la normativa urbanística. Esta operación aparece en el proceso como de una enorme complejidad por lo que nos vemos obligados a ejecutar múltiples ensayos hasta aparecer la solución que cumple todos los parámetros en todos los puntos de la volumetría final. Aparece así una geometría no cartesiana con un volumen facetado que se adapta a las condiciones topográficas y a las demandas urbanísticas y al mismo tiempo nos incita a resolver el programa de vivienda en una espacio excitante. La geometría será por tanto la que vaya definiendo y descubriendo las maneras de vivir los espacios y su relación con el paisaje exterior, una fructífera y sorpresiva relación entre un bosque y una normativa estricta. Ver más Ver descripción completa
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