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Invertir el horno es invertir el paisaje. Una acción efímera en un alrededor concreto. La obra se inserta en un “alrededor concreto”, un territorio con un oficio en particular, la producción artesanal de ladrillos, que genera un paisaje exclusivo, un paisaje modelado por dicho oficio, en donde aparecen estos cuerpos, unas masas de temporalidad limitada, efímeras, que emergen una y otra vez solo para desaparecer, tal como esa construcción frágil de la que nos habla Smiljan Radic; “hecha para no ser vista, no vale la pena, no tiene gracia… quizás podríamos decir que una construcción frágil no se da cuenta ni debe dar cuenta de su figura, porque su figura es nuestro paisaje”. Son resultado de una cotidianeidad, de un rito sin ambición. En esa condición efímera y artesanal de este “alrededor concreto”, la obra tiene por intención invertir el paisaje. un paisaje cultural que se invierte rotundamente al entrar en esa cultura (tradición), donde las cosas se han hecho desde antaño de una cierta manera, entrar en ese conocimiento en donde la excusa es la manipulación de esta masa para transformar e invertir este “paisaje cultural”, un cambio de forma que pone en crisis el oficio en conjunto con su alrededor. Es una obra desde el oficio en conjunto con su tradición y memoria. Ver más Ver descripción completa
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