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Las casas con mansarda son habituales en esta zona y en estos nuevos suburbios. Para muchos es el resquicio legal ante la escasez de metros cuadrados que admite el DFL2. Subir tres niveles parece nos ser un inconveniente. Lo absurdo es cuando se pretende ocupar el máximo de la altura permitida sin dejar de andar agachados para no golpearse la cabeza contra los envigados. Aquí, además de ocupar esos deltas residuales que dejan las cubiertas inclinadas, y tal como en las perspectivas invertidas de Hockney, el cuerpo vertical queda facetado con leves desviaciones diagonales que hacen todo lo posible por esquivar a sus vecinos más inmediatos y por abusar del desahogo que dejan cerca dos pequeñas plazas barbechas. El programa intenta resolver la reclusión voluntaria y dominante de quien acaba de renovar su matrimonio y su paternidad (con hijos ahora adultos que sólo visitan eventualmente). Los servicios, la circulación vertical en espiral y los diversos lugares de guardado, sirven para confinar las opresivas distancias laterales del sitio. En sentido longitudinal, las dos habitaciones de mayor volumen ocupan extremos y niveles diferentes: hacia el fondo queda aquella que recibe los usos sociales y los vincula con el suelo natural; hacia el frente (y por sobre las desgraciadas casas vecinas) queda la que admite reuniones más familiares e informales (bajo una tutela autoritaria, casi indiscreta, del estudio privado que se extiende en la tercera planta). La crujía central del prisma está compuesta por una repetición de cuatro marcos rígidos de acero (con las mismas piezas IPE240 para pilares y vigas) sobre las que se construyen dos plataformas traslapadas en sección. Ver más Ver descripción completa
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