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El proyecto se arma a partir del paisaje preexistente: un pequeño terreno en la sierra de Lima, en el valle de Santa Eulalia. Una parte del terreno era un huerto de frutales, por lo que la casa se ubicó de tal manera que no se botaran los árboles existentes. Dentro del lote corría una acequia, condición bastante especial, pero que a la vez representaba un peligro, ya que su caudal era grande y el cauce profundo, nos preocupaban los niños jugando cerca de ella, así que ampliamos su cauce y lo convertimos en un riachuelo de muy poca profundidad. La casa se proyecta de dos pisos: el primero es de piedra, con material y mano de obra de la zona, y a la manera de las pirkas del lugar; el segundo piso es de madera, producida de manera sostenible y certificada, recreando el perfil de los cerros que cierran el valle. El primer piso es un solo ambiente que alberga sala, comedor y cocina y se conecta con la terraza que vuela sobre el riachuelo; el segundo piso tiene los dormitorios, a manera de un ático en el que algunos amigos decidieron quedarse a dormir. Ver más Ver descripción completa
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