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Desde fuera, el rayado de lamas madera interrumpe la visión de un seto verde y un frondoso bosque. ¿Son acaso reflejos del exterior sobre las ventanas que componen la fachada principal de la casa? ¿O son transparencias? Entramos al este antiguo local comercial, transformado en vivienda por una puerta doble de madera maciza de iroco barnizado con herrajes en hierro chorreado, forjados en los talleres propios del dueño de la vivienda; y apenas ponemos un pie sobre el cálido entarimado de roble crudo, nos topamos con una “pecera” sin peces en la que flotan retoños de vegetación. No hablamos de los típicos juncos de bambú, ni del ya tradicional jardín interior tipo Zen, sino de un jardín con especies locales de arbustos de diferente altura sobre un lecho de corteza de pino bañados por una cascada de luz que emana de una falsa claraboya. Alrededor de este jardín: Toda la casa.   Ver más Ver descripción completa
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