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El encargo consistió en un refugio de fin de semana para una pareja con dos niñas. El lugar es un borde costero con una línea de acantilados de 10 kilometros de largo y de 200 metros de altura donde nunca antes han existido edificaciones. Históricamente en este lugar siempre se ha trabajado la recolección de cochayuyo (alga chilena) y también la recolección de mariscos. El acceso a la playa se realiza por senderos muy difíciles que toman mucho tiempo recorrer Se proyecto un pequeño refugio que utiliza principalmente la madera, la piedra y el vidrio. Este refugio se genera en un volumen rectangular de dos pisos enfrentando el mar en su lado corto. El emplazamiento se realizo muy cerca del acantilado generando una situación de vértigo en ambos pisos. En el primer nivel se desarrolla una planta libre que contiene por una parte el living y por otra el comedor y cocina. Una escalera divide estos dos sectores. En el segundo nivel esta el dormitorio principal enfrentando el mar y hacia atrás un dormitorio de niños y otro de invitados. Ver más Ver descripción completa
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