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Con un solo movimiento de arco un virtuoso de violín es capaz de producir un sonido mantenido durante sesenta segundos. En el espacio de ese tiempo, la nota musical fluye del instrumento sin alteraciones, de forma constante, sin aumentos de intensidad ni caídas. La ligazón con otros sonidos, entre nota y nota, se logra con la ejecución del legato que consigue sin turbaciones, una continuidad absoluta del sonido. Trasladada a la arquitectura, esta condición de continuidad, mediante la cual el espacio se articula sin rupturas, fue una cualidad de proyecto solicitada por los clientes, una pareja joven, ella violinista, con dos hijos pequeños. La pequeña escala del trabajo acometido, consistente en la reforma integral de una vivienda de 49 m2 entre medianeras con parcela propia, determinó el máximo vaciado posible de su interior, para incorporar en el volumen útil de la nueva vivienda, los espacios perdidos de la casa original sobre el falso techo y bajo el forjado sanitario. Esta operación permite desarrollar el programa funcional en dos niveles y una superficie interior de 85 m2 y exterior de 80 m2 con el nuevo nivel principal de la casa a la cota inferior del patio-jardín de fondo de parcela. Se mantiene la llegada a través del porche delantero a la cota original, nuevo nivel intermedio donde se sitúa la sala de música. Desde este nivel de llegada, se accede a los niveles superior e inferior salvando alturas de 1.5 metros. Ver más Ver descripción completa
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