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En este artículo publicado originalmente en el tercer número de la revista rita, editada por redfundamentos, su autora Ana María Durán nos conduce a través de un breve transitar por el quehacer de la arquitectura contemporánea ecuatoriana: su punto de partida fue una crisis financiera profunda, que procreó intervenciones mínimas, de escasos recursos, y cuya trayectoria culmina con los excesos y despilfarros de un nuevo boom petrolero. Durán recalca los diferentes actores involucrados en este proceso; generaciones posteriores que dejan un legado que aboga por la responsabilidad del manejo de recursos, "hacer mucho con poco" y las nuevas generaciones, una generación con conciencia y herramientas que opta por el trabajo colectivo, poniendo los valores sociales sobre los individuales.  El país moroso, lento e inseguro que encontré luego de cinco años en el exterior, cuando corría el 2001, ese país en el que “no pasaba nada”, ya no existe. Ecuador se despertó de un sacudón el año de 1999, cuando a los ecuatorianos nos “congelaron” los fondos en sucres para derretirlos luego, a un quinto de su valor, en dólares estadounidenses. Enfrentamos quiebras, suicidios y un éxodo masivo. Se estima que unos 700.000 ecuatorianos abandonaron su país entre 1999 y 2001, cuando la población total alcanzaba los 13 millones. (1) Muchos más les siguieron en los años siguientes. No todos pudieron llevarse a sus hijos o pareja. Las familias se desmembraron y las remesas de los que se fueron contribuyeron a reactivar la economía ecuatoriana como segunda fuente de ingresos, superada tan solo por el petróleo.  Ver más Ver descripción completa
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