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El proyecto trató de sintetizar un exceso de servidumbres, derivadas tanto de la exigente topografía como de una estricta normativa, con una estrategia simple: un cuerpo compacto, limpio y pulcro, se asoma al Atlántico en su cara naciente y al panorama de las montañas de Anaga en su orientación oeste. Un volumen sencillo, de sección escalonada, que trata de posarse con naturalidad en la pendiente abancalada.  Situada en lo alto de una colina, en una urbanización residencial adonde se llega en coche, esta casa comienza por el garaje. Así que partimos valorando el ritual de acceso, la importancia de los recorridos que salvan la diferencia de cotas. Tras un rotundo muro de hormigón texturado, horadado por una expresiva puerta de chapa deployé, entramos a un jardín húmedo, de inspiración tropical, por el que se accede a la vivienda, y desde el que subimos a la planta superior mediante un paseo de bienvenida. Una rampa tendida, la roca basáltica preexistente, el verdor mojado y la luz cenital extendiéndose, son los elementos que nos acogen. Arriba, la arquitectura acompaña con una lectura luminosa: paramentos blancos, carpintería de madera, mármol de Carrara, hormigón.  Ver más Ver descripción completa
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