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En un terreno de 7.000 metros cuadrados, Andrés Uribe Mesa diseñó y construyó una vivienda pensada en términos de lograr una íntima relación con el medio natural que la rodea. “Cuando me encuentro un paisaje como este, con un bosque nativo enfrentado a un horizonte ilimitado, busco que el exterior entre en la casa”, explica el arquitecto. Esta relación con el entorno también determinó el aspecto exterior de la construcción, pensada con un criterio de absoluta sencillez para destacarse lo menos posible en el lugar. Los tres volúmenes que configuran esta residencia, de 430 metros cuadrados, se levantan 36 centímetros sobre el terreno para generar una sensación de levitación y aunque la disposición del conjunto es lineal, sigue un trazado sinuoso que le da el aspecto casual de unas cajas dejadas al azar sobre el prado. Ver más Ver descripción completa
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