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El encargo consistía en 2 casas en primera línea frente al mar, en una porción de terreno estrecho, comprimido por el mar y el acantilado. Así, surge de inmediato la pregunta: ¿cómo no caer en la obviedad de la vista al mar, teniéndolo en frente como una vista ineludible sin mediar entre vista y mar?. La respuesta mas que mediar, es medir. Se propone entonces un volumen que se gira en si mismo para conseguir al mar como sorpresivo, como un golpe de vista, y uno distinto cada vez, como una vista que no se puede anticipar.  Podemos decir que se trata de una obra que logra, no un mar inmenso, único, sino varios, el del roquerío del norte, el de Punta Puertecillo al sur, etc. De este modo también, es que comparecen al unísono en el volumen publico del 3er piso, las dos realidades que contienen y tensan el volumen: el mar y el acantilado, midiéndose cada uno como fin (finalidad) del volumen elongado. Ver más Ver descripción completa
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