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Para llevar a cabo esta intervención y elaborar el proyecto, el oficio de Bruno Gaudin primero tuvo que comprender, interpretar y clasificar los temas específicos de este conjunto. Tuvieron que literalmente "descomponerlo en sus partes constituyentes" para poder reconstruirlo mejor y resaltar sus cualidades intrínsecas. Los estudios históricos y estructurales, obviamente indissociables, pusieron de manifiesto una extraordinaria yuxtaposición de espacios de todo tipo, desde áreas de reserva y galerías hasta escaleras y rotondas y mucho más. Por lo tanto, el hecho de que algunos de los espacios estuvieran listados, como la Salle Labrouste por ejemplo, o que otras partes fueron inventariadas, eran datos insuficientes para poder describir la rica naturaleza y complejidad de este sitio. La evaluación reveló la necesidad de tener en cuenta una multitud de lugares, que este proyecto tuvo que restaurar a su vida original y esplendor. Así, la insistencia del arquitecto en confiar en estos testigos a veces modestos pero magníficos a la historia estratificada del Cuadrángulo. Lanzar el proyecto de rehabilitación del Cuadrángulo de Richelieu fue, por lo tanto, aceptar los retos de un edificio polimórfico cuyos estratos arquitectónicos requerían la elaboración de no uno sino varios proyectos diferentes: uno destinado a la gran escala del sitio, el relativo a Distribución y recepción; Y otros proyectos dirigidos a la renovación de habitaciones individuales, cada uno con sus problemas específicos y los requisitos. Ver más Ver descripción completa
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