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A lo largo de los años hemos podido constatar que música y arquitectura caminan juntas como disciplinas; si bien es cierto que esto ocurre inmediatamente en modos de representación gráfica y geométrica, el lenguaje empleado en ambas es el elemento que acaba conformando este tejido que parte en términos de composición. La historia de los “conservatorios” se remonta a Italia en donde eran extensiones de algunos orfanatorios a cargo de órdenes religiosas. Por otro lado, en la sociedad azteca la formación musical se impartía en espacios llamados cuicalli, los cuales eran equivalentes a los conservatorios europeos. Esta proximidad legítima entre música y arquitectura es el resultado de una búsqueda que surge de un recorrido de lo inmaterial, de una representación gráfica de éste para finalmente brincar a una ejecución. Si bien es cierto que la música no se materializa, se trata de la convergencia de ocupar el espacio y darle sentido. Ver más Ver descripción completa
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