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Durante años se pensó que para mejorar la eficiencia y productividad de los empleados el entorno de trabajo debía ser diseñado según la tradición taylorista: espacios abiertos, despojados y anónimos que posibilitaran el control y evitaran las distracciones. Hoy se ha demostrado lo contrario: una oficina enriquecida impacta en la motivación, el compromiso y, en consecuencia, en el rendimiento de las personas. Los profundos cambios que se vienen produciendo en el mundo laboral han transformado el espacio de trabajo. El diseño de la oficina ha evolucionado desde un modelo pasivo hacia el concepto de espacio de trabajo como herramienta de apoyo activo a las tareas que se desarrollan. En este nuevo paradigma se promueven los entornos que favorecen la movilidad y el principio de “no territorialidad”. Ver más Ver descripción completa
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