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Hace algunas semanas vimos desplomarse edificios en la ciudad de Morelos en México, producto de un sismo de grado 7,1. Esa desgracia nos hizo recordar que somos igualmente vulnerables ante este tipo de desastres, y por unos días la prensa buscó en el COEN, INDECI y cuanto experto podía encontrar información sobre la posibilidad de un evento similar en nuestro país, y cómo afectaría nuestras urbes.  Como era de esperar, se puso en evidencia la gran vulnerabilidad de las ciudades de la costa, en especial Lima, y no tanto por la calidad del suelo, sino por el abrumador porcentaje de viviendas construidas sin ningún tipo de intermediación profesional, y por ende carentes de un diseño sismo resistente que aporte seguridad a sus habitantes.  Construir tanto en arenales como en laderas de los cerros demanda estructuras especiales que en estos casos no se han previsto, a ello se suma el hecho que, como gran parte de estos barrios son producto de invasiones, no ha habido una planificación urbana mínima que garantice el acceso de ambulancias o motobombas a las zonas altas. Mayor peligro corren las viviendas construidas dentro de las fajas marginales de los ríos, o en las quebradas, donde se han concentrado los damnificados producto del niño costero 2017.  Ver más Ver descripción completa
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