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Brácana siempre quiso una iglesia propia. Las gentes de esta pedanía del Municipio de Íllora (Granada), históricamente adscrita desde el tiempo de los Reyes Católicos al linaje de los Dávila -más tarde Condes de Guadiana-, siempre fueron atendidas espiritualmente en templos ajenos a la población, bien por su pertenencia a otros núcleos urbanos, caso de la vecina Parroquia de Alomartes; bien, por su carácter privado, caso del único edificio religioso de la localidad: el oratorio particular, luego Capilla privada (1891) del señor solariego, D. Luis Dávila Ponce de León (IX Conde de Guadiana), restaurada por sus herederos en 1940. Este préstamo funcional, que en cierto modo suponía perpetuar las relaciones de "vasallaje" o dependencia de antaño, comienza a ser fuente de conflictos a partir de la segunda mitad del siglo pasado, cuando las relaciones con los condes se antojaban cada vez más difíciles y desmembradas, fruto de una nueva coyuntura caracterizada por su propio empoderamiento social. El pueblo construye su propia iglesia hacia los años sesenta [S. XX], una iglesia sencilla construida con pocos recursos y que transcurridos unos años empieza a tener problemas de estabilidad y el pueblo tiene que volver a la “Capilla de los Condes”. Desde entonces los conflictos con los señores han ido sucediéndose alentando en los bracaneros y bracaneras su anhelo de contar con una parroquia propia y digna para el pueblo, representativa de su religiosidad y naturaleza sencilla y humilde. Como resultado, empieza a cobrar cada vez más fuerza la idea de construir una nueva parroquia superando la situación de provisionalidad en la que la feligresía se encuentra desde principios de 2000. Empieza el reto ilusionante de un pueblo que hunde sus raíces en su propia historia e identidad religiosa, en busca de autonomía, libertad y crecimiento. Ver más Ver descripción completa
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