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En un barrio donde abundan casas bajas, se descubre un pasaje de apenas 200 metros de longitud que ni los oriundos reconocen. Es un sitio donde aún se escucha el viento en los árboles, a pesar de que geográficamente se encuentre en el centro de una gran ciudad. Las parcelas del tejido; todas iguales y de medidas ajustadas (7 x 15 m.); generan una cercanía en el habitar que se asemeja a la convivencia de un edificio pero volcado en la llanura. El planteo del proyecto fue sencillo. Reconocer los 4 límites del solar, vegetarlos y que la acción predominante fuera una reafirmación de un vacío diáfano. La cadencia que da la sucesión de diversos tamices se transformó en uno de los recursos arquitectónicos primordiales. La vegetación fue, desde un inicio, protagonista. Especies autóctonas y de poco mantenimiento resultaron un hallazgo para la fauna local. Exterior e interior son leídos sin solución de continuidad. Como resultado, los espacios de uso común son un accidente imperceptible en el transcurrir de la planta de acceso. Y lo construido termina identificándose con los espacios de uso más íntimo en el primer piso. Es una casa chica, que alberga a una familia joven y numerosa. Ver más Ver descripción completa
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