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De la falda del Monte de la Cruz fluyen varios nacimientos de agua que, formando una red territorial, riegan un conjunto de históricas huertas de la campiña jerezana mediante un sistema de compuertas y una curiosa regla para el reparto del agua. La humilde vivienda de los hortelanos de El Pilar, del s. XIX, se compone de dos plantas con una sola crujía y cubierta inclinada, con muros de carga de piedra y forjados de madera. La intervención se limita a consolidar estructuralmente el edificio existente, mantener la claridad espacial de sus interesantes espacios diáfanos y recuperar las cotas originales del edificio y su relación exterior-interior. Se refuerza la cimentación, se cose la fábrica, se recuperan los forjados originales, se insertan unas piezas que dan servicio a la vivienda y en su patio exterior se recuperan los niveles originales creando un espacio íntimo que da continuidad a la planta baja de la vivienda. Ver más Ver descripción completa
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