Agrandar imagen | Ver tamaño original
Curioso, inquisitivo y tenaz, Miguel Fisac [1913-2006] aprendió haciendo. Fascinado por la tecnología y la construcción, su experiencia directa en obra suplió todo aquello que ni la universidad ni los libros supieron enseñarle o alcanzaron a transmitirle. Con un comienzo que podría ser tildado de "academicista", en pocos años el arquitecto ciudadrealeño consigue desprenderse de esta actitud para recurrir sucesivamente a fábricas de trazas orgánicas o vigas de lógica ósea. Todo ello fundamentado en un empeño intrínseco y personal por hacer una arquitectura humanizada y afín a la técnica.  Miguel Fisac fue un arquitecto de un talento excepcional al que la fortuna le sonrío, de una manera u otra, de forma temprana. No obstante, tanto la fortuna como la fama son compañeras caprichosas y, aunque no lo parezca, también entidades independientes la una de la otra. Fisac contó con fortuna, es cierto; y bien lo constata el hecho de recibir la adjudicación para construir varios edificios para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas [CSIC] en la Colina de los Chopos [1942-48]. Sin embargo la fama no fue tan fiel aliada. Siendo un arquitecto sobradamente reconocido en su época en el territorio nacional, dicha fama le eludió fuera de los confines de España. Con inciertos motivos, podría hacerse una aproximación de que las razones que a ello llevaron fueron la de una expresión formal de dimensión casi ecléctica y la de una actitud indudablemente tectónica, algo difícilmente compatible con el raciocinio conceptual y la actitud de ahorro material imperantes en la época, impulsadas por los metodistas modernos.  Ver más Ver descripción completa
Compartir Compartir