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Hacer un edificio de oficinas con una propiedad incierta, en medio de un lugar con poco atractivo. En todo caso de un lugar sin referencias directas, sin ejemplos a los que mirar, sin edificios sobre los que merezca la pena comentar algo o establecer un diálogo. En estas circunstancias la reflexión fundamental que rige el proyecto tiene que ver con la cuestión tipológica y constructiva de las oficinas y particularmente de las oficinas en el clima y en la realidad de Madrid. Allí casi todos los edificios son cajas anodinas de vidrio. Cajas que expresan un cierto anonimato como si los edificios de oficinas no merecieran pertenecer al mundo de lo representativo. Tenemos que hacer un edificio que al margen de los usuarios que lo vayan alquilando exprese este valor de lo que representa, un valor permanente, tal y como se pretende con los primeros edificios de oficinas de finales del siglo XIX y principios del XX. Por ello el edificio tiene una lectura clásica. Ver más Ver descripción completa
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