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En la antigua Grecia, una Polis se refería tanto a la ciudad como a su conjunto de ciudadanos, donde uno no puede existir sin el otro. Es en esta intersección, donde la arquitectura pública, tiene la oportunidad de construir los ideales de la sociedad: un espacio donde los individuos se reúnen, se relacionan entre sí y se convierten en ciudadanos. La arquitectura pública (cívica, cultural, de infraestructura, religiosa y otras tipologías) reconoce a sus habitantes y crea un espacio compartido del que todos se benefician. Históricamente, estos espacios han definido nuestro paisaje cultural, han sido un lugar de expresión y disidencia, y un lugar que establece una conexión con nuestros conciudadanos. Estos sitios brindan contribuciones significativas a nuestra calidad de vida al crear una memoria cultural compartida que nos recuerda nuestras responsabilidades colectivas y nuestra expresión democrática. Y, a medida que avanzamos hacia una sociedad más democrática y abierta, en un contexto urbano en constante crecimiento, la arquitectura pública se convierte en un mecanismo vital para promover la igualdad. Ver más Ver descripción completa
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