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Lo primero que sorprende del Instituto de Patrimonio Cultural es la enigmática singularidad de su sede. Cariñosamente conocida por los madrileños como ‘corona de espinas’, el edificio se nos presenta en la entrada a Madrid desde la carretera de La Coruña. A la derecha, custodiando el Palacio de la Moncloa, aparece este artefacto atemporal; rotundamente posado sobre la ciudad universitaria madrileña; totalmente ajeno a la arquitectura racionalista de su entorno. Una mezcla formal expresiva, resultado de combinar los aspectos de una fortaleza, una plaza de toros y una nave espacial. No pasa desapercibido, tampoco lo busca. Nos sorprende, nos impresiona, inquietando hasta cierto punto, pero siempre con la intuición de que se trata de una una obra importante, de una arquitectura que merece, al menos, nuestro interés.  Ver más Ver descripción completa
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