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El puerto de Tarragona, construido sobre un suelo artificial de muelles y dársenas, queda fuertemente marcado por actuaciones puntuales, aisladas en algunos casos, que generan un espacio muy fragmentado en permanente transformación.  Su paisaje es el resultado de la conjunción de formas aportadas por el entorno natural y la intervención humana: pantalanes, espigones, diques, edificios, depósitos y grúas dan los signos identificadores y diferenciadores de este paisaje. Un paisaje industrial cada vez más separado de la ciudad a medida que la naturaleza de las operaciones portuarias lo hacen incompatible con la ciudad. Lejos por tanto de considerar el paisaje como algo eterno o estático, o como marco visual donde insertar la obra, hemos optado por aceptar su dimensión y realidad física dentro de este espacio del puerto, como estímulo para la formación de una idea de arquitectura. Ver más Ver descripción completa
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