Agrandar imagen | Ver tamaño original
La ciudad como la conocemos está colapsando y es incapaz de plantear nuevas alternativas de vida. El virus nos está obligando a asimilar el agotamiento de las edificaciones que comprende la ciudad y de los sistemas en cómo ha sido concebida toda la urbe en sí misma. Actividades básicas separadas por kilómetros de distancia entre calles que no pueden ser transitadas, naves y galerías como envolturas cerradas y aclimatadas artificialmente que ya no admiten concentraciones, y que por ende tampoco son visitables, capsulas infrahumanas apiladas una sobre otra en torres que no contemplan espacios abiertos, áreas comunes, ni naturaleza, donde prácticamente no existe contacto con el exterior, serán cada vez mas disfuncionales con el paso el tiempo. La pandemia amenaza con dañar irreversiblemente las relaciones y los puentes sociales que subsisten con dificultad, y al mismo tiempo, paradójicamente plantea una verdadera oportunidad latente para subsanar nuestras ciudades. Pero no a través de un tratamiento tópico y superficial que pretenda un reciclaje de modelo para regresar al mismo punto donde nos encontrábamos, sino por medio de un cambio drástico hacia adelante, que nos lleve a pensar en una transformación mas allá de lo que está probado, implementando intervenciones terapéuticas a profundidad, donde se experimente una recalificación de las estructuras existentes, junto con una propagación de nuevas entidades físicas, nuevos territorios y nuevos organismos habitables. Ver más Ver descripción completa
Compartir Compartir