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¿Qué sería de todo el entorno construido sin sus usuarios? Esta pregunta puede facilitar la comprensión de que la arquitectura y el urbanismo no sólo se conforman por el espacio físico, sino que, por el contrario, se vuelven relevantes con el movimiento, así como con los vínculos humanos y no humanos que, junto con los trazos arquitectónicos que conforman el paisaje urbano, provocan sensaciones que cada individuo experimenta de forma única. Los cuerpos disidentes, racializados o vistos a través de su género u orientación sexual, experimentan de diferentes maneras una violencia vinculada a su naturaleza. A menudo estas hostilidades provienen de los espacios que recorren, ya que, público o privado, el entorno construido contiene interferencias culturales colocadas a través del proyecto o de su ocupación, mismas que llevan consigo significados y símbolos que pueden oprimir o descalificar la existencia de varias personas. Ver más Ver descripción completa
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