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Este artículo fue originalmente publicado en Common Edge. Los monumentos, como señaló Alois Riegl hace un siglo, ayudan a construir la memoria y aunque casi siempre están influidos con ideologías políticas y valores sociales, pueden sostenerse por sí mismos como obras de arte, absorbiendo significados durante milenios. Muchos de los que seguimos atesorando alguna vez estuvieron asociados con eventos y prácticas antitéticas a las costumbres y tabúes modernos: los templos griegos se fundaron en los altares del sacrificio animal y, antes, humano; las pirámides fueron hechas por esclavos; los cruces de mercado pueden haber servido como puestos de flagelación. Realmente no hay artefactos humanos inocentes dedicados a recordar actos humanos, como hechos o ficción. Si comparamos la Tumba de Grant, –ahora ignorada en gran parte en Riverside Park, Nueva York– con el Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington, D.C., uno de los sitios turísticos más visitados de la capital. Cuando se erigió por primera vez, el monumento a Grant, –uno de los héroes de guerra más queridos de la nación– todavía estaba conectado con los veteranos de la Guerra Civil y la Reconstrucción. Cientos de miles asistieron a la inauguración, y los visitantes del sitio el fin de semana fueron legión durante las primeras décadas del siglo XX, como los que hoy cuelgan flores y tributos en "la pared" diseñada por Maya Lin mientras estudiaba en Yale. Es probable que el modesto muro negro en el National Mall sufra el mismo destino que el templo / mausoleo del general Grant durante el próximo siglo. Sin embargo, eso no lo hará menos valioso como monumento nacional. Ver más Ver descripción completa
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