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Una casa debe guardar un mundo propio. A través de sus espacios y caminos, revelar paisajes en sus contemplaciones, misterios en sus intimidades, silencios en sus vacíos. Una casa debe construir lugares. Buscamos aquí un conjunto de experiencias perceptivas y singulares, una diversidad de espacios que nos llevarían de la contemplación colectiva a la introspección y a sus habitantes poder disfrutar de la hermosa geografía alrededor, intensificando las relaciones entre ellos y el lugar que los rodea. Situada en un terreno privilegiado por una esquina, esta casa hace uso de sus dos frentes para organizarse y revelarse. Su síntesis compositiva tiene dos momentos: un volumen monolítico anclado a la tierra y un conjunto de planos perpendiculares ligeramente suspendidos. El primero emerge de la topografía, el segundo flota sobre ella. Ver más Ver descripción completa
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