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La práctica arquitectónica oscila continuamente entre anticipar y solucionar una situación a modo. Combina retículas estructurales precisas con un contenido dinámico, la claridad del diseño con elementos compositivos libres, una planeación cuidadosa con la improvisación inteligente. Es un constante balancear y girar entre la efectividad calculada del ingeniero estructural y las delicadas intuiciones del artista. Al final, el núcleo del trabajo del arquitecto no se define tanto por las soluciones de diseño específicas o las aplicaciones de materiales (que pueden cambiar de acuerdo con el programa, el sitio, el cliente e incluso el humor), como por su método de trabajo: por la metodología de diseño procesual, por la manera en que se estructura un proceso de diseño y por qué se define en qué momento exacto. Muchos arquitectos se ven fascinados por la meticulosa planeación y preparación del proceso constructivo. Creen en el imperativo del plan arquitectónico, de las especificaciones exactas y los planos detallados. Se enorgullecen del control y registro precisos de las definiciones espaciales y materiales. Ver más Ver descripción completa
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