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Desde el amarillo al gris, pasando por los rojos y los naranjas más tradicionales, los ladrillos son omnipresentes en muchas de nuestras ciudades y son muy utilizados en la industria de la construcción. En resumen, su proceso de fabricación incluye el moldeado de la arcilla y su quemado en hornos, permitiendo la creación de bloques macizos perforados, cobogós, tejas y otras formas. Los ladrillos cerámicos son baratos, fáciles de encontrar, tienen buena resistencia, buena inercia térmica, y no requieren de mano de obra tan especializada para su construcción. Sin embargo, si la instalación se realiza cerca de fuentes de alto calor, el ladrillo común eventualmente se agrietará y romperá. En este caso, los ladrillos refractarios son los más adecuados. Pero ¿qué son realmente y cómo funcionan? Puede parecer contradictorio que un material que haya sido quemado a temperaturas superiores a 1000°C no resista altas temperaturas. De hecho, el gran problema es el choque térmico. Cuando el ladrillo común entra en contacto con una fuente de calor, se expande rápidamente. Cuando cesa la fuente (extinguir el fuego, por ejemplo), el material se contrae. Estos choques térmicos afectan la estabilidad de la estructura y pueden formar grietas y otros problemas graves. Los materiales refractarios son aquellos que soportan altas temperaturas sin afectar su estructura, y sin dañar su resistencia y su conductividad térmica. En el caso de los ladrillos, la composición química de los refractarios es diferente a la de los ladrillos normales, lo que también influye en el color y su conductividad térmica. Ver más Ver descripción completa
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