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Ubicada a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar en el Páramo de Chingaza, esta vivienda de pequeña escala busca ser un espacio de recogimiento y encuentro con la naturaleza circundante. El proyecto se emplaza a una hora de la ciudad de Bogotá en lo alto de un cuerpo montañoso, rodeado por un ecosistema de páramo donde la diversidad de aves y plantas es singular. Con el objetivo de brindar a sus habitantes interacciones con la naturaleza, la vivienda se compone de dos módulos conectados por un túnel en vidrio, que no sólo recoge los rayos del sol para calentar el interior del proyecto, sino también brinda una relación directa con un jardín de colibríes al oriente y la vista al embalse San Rafael al occidente, en un clima que puede rondar los cero grados en las noches. Con la intención de producir una especialidad de reflexión y materialidad honesta, listones de pino recubren los pisos, las paredes y el cielo raso, logrando así espacios cálidos y minimalistas. Un ventanal direccionado al occidente en cada módulo complementa la madera del interior logrando así, no sólo una fábrica de atardeceres diarios, sino también la oportunidad de captar los rayos del sol, generando confort térmico en las noches frías del lugar. En contraste con el interior de madera, el exterior tiene el objetivo de ser un volumen austero y de entrar en consonancia con el contexto circundante. Mediante una fachada metálica negra, la vivienda pasa desapercibida y logra mimetizarse con las tonalidades grises del cielo del páramo. En las noches, el proyecto desaparece por el color de la fachada y solamente los ventanales, que por medio de la madera y la luz artificial, logran dar la sensación de dos grandes luminarias para el lugar. Ver más Ver descripción completa
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