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El Hórreo-Palomar es un lugar de serenidad e introspección, donde uno puede establecer una fuerte conexión a la vez con la naturaleza y uno mismo. Sin una función convencional, el espacio es su propio propósito: una especie de casa-templo en los árboles. Sus raíces son humildes, aunque inesperadamente pragmáticas, creativas y sofisticadas en su diseño y soluciones: una pequeña joya preciosa de la arquitectura vernácula del Miño. Originalmente construido a finales del siglo XIX, su punto de partida fueron dos graneros de maíz tradicionales del norte de Portugal que se alzaban sobre bases de granito. Un techo común los unía y bajo él había un palomar. Finalmente, el espacio entre los dos hórreos fue usado para secar cereales, con dos grandes paneles basculantes controlando la ventilación. Este increíble diseño fue una combinación inusual pero inteligente de tres tipologías vernáculas muy comunes (hórreo, palomar, secadero) que aún forman parte de nuestra memoria colectiva. La ejecución, desafortunadamente, no estuvo exenta de sus problemas. Construido con madera de roble, la estructura estaba infra-dimensionada para las exigencias de esa construcción y, al no recibir un mantenimiento adecuado durante una parte importante de su vida, la madera se deterioró rápidamente: aunque todavía permanecía de pie sujeta con cables de acero conectados con los árboles adyacentes, era insalvable. Las piezas de madera podrida, sin embargo, permitieron tener la documentación completa del diseño y las técnicas constructivas del edificio, tal como era cuando era utilizable, abriendo las puertas para una reconstrucción pieza por pieza, en la misma línea que la reconstrucción de Ise Jingu cada 20 años en Japón, pero aquí en la escala del norte rural de Portugal, preservando un interesante documento construido vernáculo y usando el tradicional conocimiento artesanal local para lograrlo. Ver más Ver descripción completa
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