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Saenz De Oiza: Las más recientes noticias y obras de arquitectura

Sáenz de Oiza: una vuelta en bicicleta

El renombrado arquitecto español Sáenz de Oiza [1918 - 2000] era un devoto practicante del ciclismo. Como él mismo confesaba, tras mudarse desde Navarra a Madrid junto con toda su familia para que este comenzase sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid [E.T.S.A.M.], y contextualizados en una España en ebullición política y social, tras el estallido de la guerra civil en 1936, su vida cambió por completo. En 1938 fallece su padre, y es él quien debe hacerse cargo, en cierto modo, del sustento de su familia. Estos recuerdos, el pesar emocional y económico durante sus primeros años de vida, conllevaron a que, tras su posterior éxito como arquitecto, parte de la fortuna económica hacinada hasta entonces la gastase en caprichos materiales de los que no gozó en su momento: coches de alto rango económico o bicicletas, las cuales le gustaba coleccionar.

Otro extraño recuerdo suyo corresponde al momento en que, tras mantener una especie de competición espontánea con otro desconocido ciclista en el trayecto de vuelta de La Granja a Madrid, el otro le preguntó por Puerta de Hierro: “Oye... ¿En qué equipo corres?”. Y se acabó descubriendo que el desconocido contrincante era nada menos que Federico Ezquerra, un ciclista vasco de leyenda. Aquel momento debió resultar muy agradable para él.

¿Qué tan importante es la firma de un arquitecto/a connotado/a?

Desde el Blog de Fundación Arquia, el arquitecto José Ramón Hernandez, nos trae un artículo que reflexiona sobre aquellas obras que solo se aprecian por ser de quien son y que, de no llevar la firma de un autor ilustre habrían pasado totalmente desapercibidas o despreciadas.

Torre del Banco de Bilbao - Francisco Javier Sáenz de Oíza

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La torre del Banco de Bilbao fue un concurso ganado por Sáenz de Oíza en 1971, y que se construyó entre 1979 y 1981. El volumen de 30 pisos de altura, y 30×40 metros de superficie, debía resolver dos considerables desafíos técnicos: debía apoyarse por sobre los túneles del tren de cercanías que pasan por el terreno, y debía construirse rápidamente. La solución estructural y constructiva es notable: de los dos núcleos estructurales y de circulaciones – que están apoyados a cada lado de los túneles – enormes vigas sostienen 6 plantas de hormigón armado, de las que cuelgan plantas intermedias construídas en acero. Las plantas estructurales contienen entrepisos técnicos, dividen verticalmente el edificio, lo que se acusa en la fachada, y proporcionan plantas de doble altura donde se localizan los recintos que pueden aprovechar la mayor altura, como auditorium o salas de reuniones. Además de la resolución estructural, Sáenz de Oíza jamás pierde de vista construir un buen lugar para trabajar: las fachadas de vidrio que iluminan las plantas están rodeadas de parasoles metálicos que median entre exterior e interior y definen la fachada del edificio, con precursor criterio energético y de confort.